Las mujeres en la literatura: la fuerza y voz femenina

Las mujeres en la literatura: la fuerza y voz femenina

Las mujeres en la literatura: la fuerza y voz femenina

 

Hablar de las mujeres en la literatura resulta un tema apasionante, aunque también es terreno pantanoso. Resulta imposible obviar un posicionamiento político previo a la hora de elegir la información, seleccionar las palabras y desembocar finalmente en conclusiones. En este artículo, mediante datos y citas de trabajos académicos, me centraré en lo que hoy nadie discute y sobre lo que hay un consenso universal: las mujeres fueron relegadas del ámbito intelectual durante siglos y después de años y años de silencio, comienzan a tener la palabra.

 

La mujer como musa

La literatura a lo largo de la historia, como todas las industrias culturales, formó una idea de la mujer, una idea femenina desde una visión masculina. La mujer era la musa de los poetas, la inspiración de los escritores y cuando quería salir de su rol impuesto en el hogar y bien alejada de la formación y del acceso a la cultura, chocaba contra un muro doble. Tal como apunta la doctora en Ciencias del Lenguaje y la Literatura, Pilar Lozano Mijares, en El papel de las mujeres en la literatura, el doble muro era “el rechazo social y el desprecio intelectual” por un lado, y “las inseguridades propias, los miedos a no ser lo suficientemente inteligentes ni poseer la suficiente educación y formación, ni la suficiente capacidad técnica y creativa, como para ser capaces de escribir bien”, por otro.

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Este muro, por suerte, comenzó a resquebrajarse hace varias décadas y ya no se aplica a la mayoría de las mujeres, aunque la disputa por el reconocimiento pleno no se detiene. Hasta el siglo XIX, continúa Mijares, “…el hombre es el sujeto de la representación (el que tiene voz, el que habla), y la mujer es el objeto: algo sobre lo que se habla, sin identidad propia”.

 

La mujer estereotipada

 

Pensemos brevemente los personajes femeninos, creados por hombres, en la literatura clásica. La mujer no problemática, sumisa y por ende buena; y la mujer mala, generalmente representada como loca o prostituta, que genera problemas en la trama literaria.

Desde que la mujer pudo acceder a la educación universitaria, comenzó a ocupar lentamente un rol laboral activo y a desarrollar su vida con mayor independencia social y económica. Así se comienza a cuestionar la posición femenina en la sociedad y así surge, muy resumidamente, el feminismo. El estereotipo de mujer y su rol que hasta entonces era incuestionable, empieza a ser rechazado con argumentos más que sólidos.

Mujer lectora, hombre publicado

 

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Jane Austen escogió la firma “by a lady”, que significa “por una dama”. La autora sabía que firmar con su nombre le iba a traer serios problemas, sin embargo, tampoco quiso firmar bajo el seudónimo de un nombre masculino.

 

En la actualidad, las mujeres ocupan un rol preponderante en el ámbito académico de la literatura, aunque en la producción literaria siguen relegadas a un segundo plano. Según el informe Hábitos de lectura y compra de libros en España, editado por el Ministerio de Cultura en 2021, el 62% de las publicaciones son de autores varones en España y solo el 38% pertenecen a mujeres. Lo llamativo es que las mujeres leen más que los hombres: un 69,6 % frente a un 59 % de hombres. Según la profesora de estudios de artes y Humanidades de la UOC, Montserrat Gatell, las mujeres fueron invisibilidades y no han podido crear valor: “esto hace unos años costaba mucho decirlo, pero la función de las mujeres en el mundo durante siglos ha sido otra y no han tenido las mismas oportunidades para acceder al mundo del conocimiento. Desde la antigüedad más clásica, las mujeres no tenían acceso a la alfabetización”.

Otro dato llamativo lo brinda lo que sucede en los premios Novel de literatura. Desde 1901 en que se entregó la primera distinción al francés Sully Prudhomme, ha habido 115 ediciones, de las cuales solo 17 fueron mujeres las que recibieron el máximo galardón al que se puede acceder en la literatura. Como dato interesante, en los últimos diez años (2013-2032), han sido cinco las mujeres premiadas, y cinco los hombres, lo que muestra que el reconocimiento literario femenino comienza a equiparar al masculino.

 

La necesidad de una ‘habitación propia’

 

una habitacion propia

 

Desde la década de 1920, la célebre Virginia Woolf y su fundamental obra Una habitación propia, reclaman que la literatura femenina tenga las condiciones de producción necesarias para poder salir del ámbito impuesto que era el hogar y el rol social que no era otro más que el cuidado familiar. Woolf fue pionera en preguntarse por qué no hay registro de mujeres influyentes en la literatura universal, formuló la necesidad de contar con un espacio propio (habitación), y reclamó el acceso a la cultura y la independencia económica, algo fundamental para poder crear con libertad y vivir de manera autosuficiente, sin depender del hombre.

Vivimos en un mundo diverso y en constante movimiento. Por ello es de singular importancia que también se forme una visión del mundo a través de historias de creación femenina. En Peón Negro Editores, contamos con el apoyo de Amora Libros en Barcelona, librería que solo ofrece al público literatura escrita por mujeres. Allí podéis encontrar entre sus estanterías algunos de nuestros títulos.

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La literatura a lo largo de la historia, como todas las industrias culturales, formó una idea de la mujer, una idea femenina desde una visión masculina. La mujer era la musa de los poetas, la inspiración de los escritores y cuando quería salir de su rol impuesto en el hogar y bien alejada de la formación y del acceso a la cultura, chocaba contra un muro doble. Tal como apunta la doctora en Ciencias del Lenguaje y la Literatura, Pilar Lozano Mijares, en El papel de las mujeres en la literatura, el doble muro era “el rechazo social y el desprecio intelectual” por un lado, y “las inseguridades propias, los miedos a no ser lo suficientemente inteligentes ni poseer la suficiente educación y formación, ni la suficiente capacidad técnica y creativa, como para ser capaces de escribir bien”, por otro.

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Este muro, por suerte, comenzó a resquebrajarse hace varias décadas y ya no se aplica a la mayoría de las mujeres, aunque la disputa por el reconocimiento pleno no se detiene. Hasta el siglo XIX, continúa Mijares, “…el hombre es el sujeto de la representación (el que tiene voz, el que habla), y la mujer es el objeto: algo sobre lo que se habla, sin identidad propia”.

 

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Pensemos brevemente los personajes femeninos, creados por hombres, en la literatura clásica. La mujer no problemática, sumisa y por ende buena; y la mujer mala, generalmente representada como loca o prostituta, que genera problemas en la trama literaria.

Desde que la mujer pudo acceder a la educación universitaria, comenzó a ocupar lentamente un rol laboral activo y a desarrollar su vida con mayor independencia social y económica. Así se comienza a cuestionar la posición femenina en la sociedad y así surge, muy resumidamente, el feminismo. El estereotipo de mujer y su rol que hasta entonces era incuestionable, empieza a ser rechazado con argumentos más que sólidos.

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En la actualidad, las mujeres ocupan un rol preponderante en el ámbito académico de la literatura, aunque en la producción literaria siguen relegadas a un segundo plano. Según el informe Hábitos de lectura y compra de libros en España, editado por el Ministerio de Cultura en 2021, el 62% de las publicaciones son de autores varones en España y solo el 38% pertenecen a mujeres. Lo llamativo es que las mujeres leen más que los hombres: un 69,6 % frente a un 59 % de hombres. Según la profesora de estudios de artes y Humanidades de la UOC, Montserrat Gatell, las mujeres fueron invisibilidades y no han podido crear valor: “esto hace unos años costaba mucho decirlo, pero la función de las mujeres en el mundo durante siglos ha sido otra y no han tenido las mismas oportunidades para acceder al mundo del conocimiento. Desde la antigüedad más clásica, las mujeres no tenían acceso a la alfabetización”.

Otro dato llamativo lo brinda lo que sucede en los premios Novel de literatura. Desde 1901 en que se entregó la primera distinción al francés Sully Prudhomme, ha habido 115 ediciones, de las cuales solo 17 fueron mujeres las que recibieron el máximo galardón al que se puede acceder en la literatura. Como dato interesante, en los últimos diez años (2013-2032), han sido cinco las mujeres premiadas, y cinco los hombres, lo que muestra que el reconocimiento literario femenino comienza a equiparar al masculino.

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Desde la década de 1920, la célebre Virginia Woolf y su fundamental obra Una habitación propia, reclaman que la literatura femenina tenga las condiciones de producción necesarias para poder salir del ámbito impuesto que era el hogar y el rol social que no era otro más que el cuidado familiar. Woolf fue pionera en preguntarse por qué no hay registro de mujeres influyentes en la literatura universal, formuló la necesidad de contar con un espacio propio (habitación), y reclamó el acceso a la cultura y la independencia económica, algo fundamental para poder crear con libertad y vivir de manera autosuficiente, sin depender del hombre.

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Barcelona, la ciudad de los libros

 

A finales del siglo XV, con el nacimiento del monasterio de Montserrat en Barcelona, se marca el comienzo de la larga y exitosa historia del mercado editorial en la capital catalana. Es aquí, de hecho, donde en 1499 se instaló la primera imprenta de la ciudad, que publicó en 1500 su primer título:” Exercitatorio de la vida spiritual”.

Sin embargo, no fue hasta los siglos XIX y XX cuando el sector editorial empezó su ascenso y desarrollo, que llevó a la ciudad de Barcelona a representar, a día de hoy, más del 50% de la producción y la facturación de la industria editorial en España, con más de trescientas editoriales.

En torno a este sector, no solo floreció el mercado del libro, sino, en sentido más amplio, diversas industrias complementarias, como la producción de carteles, tarjetas, cuadernos, y todas esas artes que tienen en común tres factores: la creatividad, la impresión y el papel.

Así fue como durante los primeros treinta años del siglo XX, la Esquerre de l’Eixample se convirtió en el centro de un verdadero distrito editorial, aglomerando empresas de producción, impresión y distribución. Es aquí, de hecho, que se instalaron la mayor parte de editoriales, imprentas y librerías, marcando el comienzo de un desarrollo que no muestra señales de detenerse.

Durante los años ‘60 del pasado siglo, gracias a la expansión económica, las editoriales que más habían logrado hacerse espacio pudieron evolucionar hasta absorber empresas más pequeñas, convirtiéndose en verdaderos colosos económicos. Es aquí que empieza el ascenso del Grupo Planeta.

sant jordi barcelona

El nacimiento de nuevos modelos editoriales

 

El ferviente y apasionado entorno barcelonés, en primera línea en la promoción de la cultura del libro, atrajo un número creciente de escritores que buscaban publicar sus obras con editoriales reconocidas a nivel nacional. Hasta principios del siglo XXI, conseguir que una editorial aceptara un manuscrito para su publicación no era una tarea sencilla. Normalmente, cada propuesta pasaba por un proceso de selección y valoración muy estricto, que podía extenderse durante varios meses, con altas probabilidades de ser rechazada por parte de la editorial. Hay que pensar que las editoriales siempre tuvieron una cierta autoridad en el mundo cultural, y tenían  la responsabilidad de escoger qué leería la gente.

Esto fue así hasta que alguien decidió cambiar el rumbo de la historia e inventar nuevos modelos editoriales que permitieran que una cantidad mucho mayor de escritores pudiera ver publicado su libro. ¿Cómo? A cambio de una suma de dinero que cubriera los gastos de edición en su totalidad o en parte. Se trata de los modelos de coedición y de autopublicación. De esta forma, los escritores podrían tener su obra publicada profesionalmente y, en algunos casos, verla llegar hasta las estanterías de las librerías. El efecto colateral de esta práctica es, claramente, que las editoriales no tienen ninguna seguridad de éxito ni de retorno asegurado de ventas. Por ello, buscan publicar la mayor cantidad de autores posibles para tener una cantidad de títulos que justifique las pocas ventas de cada uno de ellos. 

Es así que se compone hoy en día el floreciente mercado editorial barcelonés, y que se ha extendido sin falta a toda España. 

 

El mundo editorial: de impulso a la cultura a derroche de papel

 

Las editoriales tradicionales trabajan con un plan de ventas que les asegura no imprimir más copias de las necesarias. Aún así, muchas veces los títulos quedan descatalogados y lamentablemente se tienen que tirar a la basura.

En el caso de editoriales de autopublicación o coedición, normalmente el autor se compromete a imprimir cierta cantidad de copias de su obra. Que se vendan más o menos, no es algo que se pueda prever. Es importante diferenciar las editoriales de coedición y autopublicación que, aún teniendo un filtro más amplio, siguen realizando una selección de los títulos a publicar de las que, simplemente, publican todo lo que les llega. Como consecuencia, en España se imprimen muchos más libros de los que realmente se leen. El desperdicio de papel que conlleva esta práctica es espantoso.

Según datos del Ministerio de Cultura y Deporte, en 2021 se publicaron en España 64.645 libros en papel, de ellos, el 97,5% eran nuevas ediciones. El mercado editorial español está pasando por una saturación de títulos, con tiradas cada vez más bajas, por lo que se estima que uno de cada tres libros que llegan a las librerías se acaba devolviendo a las editoriales.

libros tirados a la basura

¿La ecoedición es la solución?

 

En los últimos años, se ha levantado como tema de discusión el impacto medioambiental del sector editorial, debido a los nuevos modelos editoriales y al desequilibrio entre la cantidad de títulos publicados y el número de copias vendidas. Queda claro que todos los agentes de la cadena del libro deberían reformular sus procesos para minimizar el impacto ambiental. Un ejemplo de ello es que cada vez resulta más común que el papel utilizado en la fabricación de los libros esté certificado con el sello FSC como procedente de bosques gestionados de manera sostenible. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer, especialmente cuando se trata de editoriales que buscan obtener la mayor ganancia posible reduciendo al máximo los gastos. Prácticamente ninguna editorial a día de hoy apuesta por el uso del papel reciclado para sus publicaciones, por muy sorprendente que parezca, y la motivación es muy simple: es más caro que el papel virgen.

Pero quizás el cambio más necesario y más difícil de realizar es el que sucede en el ámbito cultural: reformular el sistema de lanzamiento masivo de títulos sobre el cual funciona el engranaje de la industria del libro en la actualidad.

ecoedición

Peón Negro Editores: hacia un mundo editorial más verde

 

Peón Negro Editores es una de las primeras editoriales a nivel nacional que apuesta por el uso del sello FSC Reciclado, certificando que cada una de sus publicaciones está fabricada a partir de papel 100% reciclado y producido de forma responsable.

Además, renuncia a trabajar con empresas de distribución, para reducir al máximo el número de envíos innecesarios y dar apoyo a las librerías locales, generando una red de librerías donde vender sus títulos

 

Descubre más sobre el proyecto aquí.

 

Sigue leyendo: La sostenibilidad en la industria editorial

 

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Así fue como durante los primeros treinta años del siglo XX, la Esquerre de l’Eixample se convirtió en el centro de un verdadero distrito editorial, aglomerando empresas de producción, impresión y distribución. Es aquí, de hecho, que se instalaron la mayor parte de editoriales, imprentas y librerías, marcando el comienzo de un desarrollo que no muestra señales de detenerse.

Durante los años ‘60 del pasado siglo, gracias a la expansión económica, las editoriales que más habían logrado hacerse espacio pudieron evolucionar hasta absorber empresas más pequeñas, convirtiéndose en verdaderos colosos económicos. Es aquí que empieza el ascenso del Grupo Planeta.

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Esto fue así hasta que alguien decidió cambiar el rumbo de la historia e inventar nuevos modelos editoriales que permitieran que una cantidad mucho mayor de escritores pudiera ver publicado su libro. ¿Cómo? A cambio de una suma de dinero que cubriera los gastos de edición en su totalidad o en parte. Se trata de los modelos de coedición y de autopublicación. De esta forma, los escritores podrían tener su obra publicada profesionalmente y, en algunos casos, verla llegar hasta las estanterías de las librerías. El efecto colateral de esta práctica es, claramente, que las editoriales no tienen ninguna seguridad de éxito ni de retorno asegurado de ventas. Por ello, buscan publicar la mayor cantidad de autores posibles para tener una cantidad de títulos que justifique las pocas ventas de cada uno de ellos. 

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Además, renuncia a trabajar con empresas de distribución, para reducir al máximo el número de envíos innecesarios y dar apoyo a las librerías locales, generando una red de librerías donde vender sus títulos.

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